
¿Qué pasa cuando pides un deseo con todas tus fuerzas, del tipo que realmente quieres que se haga realidad, y no se cumple, o de hecho, se produce todo lo contrario?
Teoría, superstición, mito o lo que sea, es costumbre que cuando una persona ve una estrella fugaz en el cielo, pide un deseo. Pues se supone que este se hará realidad.
Cuando ella vio esa estrella fugaz cruzar el cielo, su corazón se aceleró y sus ojos adquirieron un brillo distinto a cualquier otro: era el reflejo de que en su alma se encendió la llama de la esperanza.
Entonces, cerró los ojos, presionó los labios con su lengua y entrecruzó los delgados dedos de sus manos presionando una palma con la otra. Mientras en su mente pedía su deseo, que era lo que más quería en ese momento.
Le emocionaba pensar que se haría realidad, que su deseo era todo lo que había querido, y que nadie sabía de él. Era como un pequeño gran secreto que compartía sólo con esa hermosa estrella.
Con el paso de los días, ella estaba feliz, sabiendo que en cualquier momento su sueño se cumpliría. Quería que se hiciera realidad lo antes posible. La esperanza no se rendía en ningún momento y el particular brillo de sus ojos producido por este factor nunca dejó su destello. Era como si sus pupilas hubieran fotografiado a la estrella cuando pasó y hubieran enmarcado la imagen en su centro, sin dejarla opacar ni un segundo.
Con el paso de las semanas, empezó a estar un poco ansiosa. La fotografía en sus pupilas perdía un poco de brillo y se invadía por un montón de dudas e inseguridades, creando un caótico debate consigo misma para entender si cometió algún error o qué andaba mal, que su deseo aún no se cumplía.
El reloj marcó las 12, y el día tuvo fin muchas veces, hasta que el tiempo expiró. Sus ojos ya no brillaban, ahora estaban más opacos que nunca en toda su vida, ni siquiera respondían con un reflejo a lo que veían. Solo se podía ver un profundo vacío en su interior.
Entonces, tras largas horas buscando su mirada, notó mi presencia. Creo que me miró a los ojos, pero sus pupilas eran tan oscuras que me producían inseguridad al respecto. Intenté tocar su mano, pero el vidrio del espejo me lo impidió.
Ahora, nuestras caras estaban frente a frente, y nuestros labios, en perfecta coordinación, modularon “¿Ahora qué?”
Maldición de Estrella
miércoles, abril 01, 2009
Publicado por
D. M.
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miércoles, abril 01, 2009
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